Sentí el estallido de luz,
cada átomo vibró en los contornos de la espera,
allí quedó en cuclillas.
Cómo dejar que las sombras lo cubrieran
si hasta la última gota de agua no saciaba,
si todo el estiércol era recogido por sus manos,
rellenaba las tumbas del infinito.

Cómo besar las rosas desechas por el viento
sin percibir su fragancia al rozar el olfato desesperado.

Allí quedó sin sueño.
Los arcángeles le miraban distraídos,
su oración no era escuchada,
y un hambre voraz destrozaba su interior
salpicando de muerte las últimas pestañas.

Era una noche de amor,
pero no se enteraba, su tortura le vencía.
Era un deseo arremolinado en el alma,
pero no reconocía a su amada.

Allí quedó en cuclillas esperando cesaran los vientos
y se calmara la ira del cosmos.
Esperando se restableciera  la vida
como se restablece la muerte,
lentamente.

Carmen Amaralis Vega