Hay besos que cruzan las puertas del cuerpo,
se desbordan  en elixir sagrado,
retumban en la piel,
zumbido centelleante de luciérnagas
desconectando la conciencia
donde florecen los deseos.

Hay besos que duermen ocultos
debajo del dolor y la tristeza,
ocultos bajo el rojo en las mejillas
añejando la miel en la dermis de los labios.

Basta posar  los ojos en esos labios
que reclaman a la vida los anhelos.

Pero también hay besos de fuego
que te hacen cruzar las puertas del infierno
con el llanto del amor entre los dedos.

Carmen Amaralis Vega